Derechos de autor, industria musical, dinero, dinero, dinero…y Alan Lomax.

Por Marcos Muniz-López.

Me gustaría empezar este post hablando de una de las figuras más importantes de la música popular del siglo XX. No, no era de Liverpool, tampoco nació en Tupelo, no llevaba una vida de excesos ni fue ensalzado como un semi-dios, no innovó, ni siquiera creó un nuevo y arrollador estilo. Tampoco le importaba nada eso de la fama, salir en revistas, firmar autógrafos y formar parte de la maldita, maldita industria discográfica.

Su nombre era Alan Lomax.

Alan Lomax fue un eminente etnomusicólogo y documentalista que se dedicó a grabar la tradición musical de un abanico bien diverso de pueblos a lo largo y ancho del planeta durante muchos, muchos años. De casta le venía al galgo, ya que su padre, John Lomax, etnomusicólogo también, registró en su grabadora los cánticos ancestrales de los esclavos negros de Texas, Missouri y Lousiana. El joven Alan, decidió seguir los pasos de su padre inmortalizando esas melodías que se pasaban de padres a hijos, de abuelos a nietos, de generación en generación, y que sin duda alguna, formaban la espina dorsal de la identidad cultural en un gran número de etnias. Desarrolló e investigó un método denominado “cantométrica” donde trataba de encontrar la relación entre sociología y estructura melódica de cada tradición musical que iba encontrando y registrando aquí y allá.  Alan Lomax viajó y viajó la mayor parte de su vida, plasmando en cinta el cancionero popular de Estados Unidos, Haití, Rumanía, Polinesia, Italia, Irlanda, India, España, y así hasta un largo etcétera.

Alan Lomax escuchando una de sus grabaciones.

(Como dato curioso, el régimen de Franco se oponía al trabajo de Lomax, ya que evidentemente chocaba con el plan de aniquilación total de cualquier identidad cultural que difiriese de la España “una, grande y libre” impuesta por el dictador y sus obtusos acólitos).

Lomax ayudó también a que nombres tan esenciales dentro de la música popular del siglo XX como Muddy Waters, Leadbelly o Woody Guthrie estuvieran en boca de la gente, lo que sumado a su interés y profunda investigación sobre la cultura de origen prácticamente proletario, le llevó a ser investigado por la jauría de Edgar Hoover bajo la acusación de “peligroso agitador comunista”, por lo que Lomax decidió trasladar su base de operaciones a Londres.

A Pete Seeger y a su banjo, todo esto de la ley Sinde les importa más bien poco.

La labor de investigación y registro musical en España, no estuvo exenta de dificultades, ya que aparte de contar con el desprecio del régimen de Franco, como se indica algo más arriba, Lomax acudió a un congreso internacional de musicología y folclore organizado por la Sección Femenina, cuyo coordinador resultó ser un antiguo miembro del partido nazi que consiguió asilo en España, mostrándole enseguida a Lomax su antipatía, avisándole que se encargaría personalmente de que no recibiera ayuda alguna por parte de ningún musicólogo español. En su libro de notas, Lomax escribió lo siguiente: “En realidad, en ningún momento había hecho planes para quedarme. Tan sólo disponía de unas cuantas cintas para grabar y nunca había hecho un estudio de etnología española. No obstante, aquello supuso mi primera experiencia con un nazi y, al mirar a aquel idiota autoritario desde el otro lado de la mesa del comedor, me prometí a mí mismo que, aunque tuviera que consagrar el resto de mi vida a aquella tarea, grabaría la música de aquel país ensombrecido”.

Lomax pasó 6 meses en España entre 1952 y 1952, registrando con su grabadora gran parte del folklore tradicional de Aragón, Galicia, Euskadi, Andalucía, Asturias, León, Mallorca, Ibiza y Formentera, dando como resultado 14 álbumes para la Columbia y una serie radiofónica para la BBC, conteniendo un material realmente escalofriante, de un valor cultural incalculable. Son grabaciones toscas, sencillas, hechas con un micro y el intérprete cantando a pelo o con un acompañamiento instrumental muy simple, pero que recogen todo un cancionero de raíces ancestrales, una auténtica explosión de cultura popular inimitable, inmortal, una música que no entiende y nunca ha entendido de negocios, derechos de autor, piraterías, leyes restrictivas, dinero, productores, publicistas, ejecutivos, mercaderes y demás elementos tan absolutamente alejados del arte y la cultura. Lo que grabó Lomax es demasiado grande y demasiado inherente al ser humano tras el paso de los siglos y los siglos como para que nunca nadie pueda embotellar y comerciar con ello, porque es de nuestra propiedad, es de todos, nos pertenece a todos, lo llevamos dentro, es simple y llanamente, HUMANO.

Tras todo esto, y tras por supuesto aconsejar que a quien desconozca éstas grabaciones, se haga con ellas (tienes prácticamente todo el mapamundi para elegir dónde empezar), decir que es un insulto a la inteligencia de cualquier persona el que aparezcan en los medios de comunicación una serie de personajes que representan la antítesis de la CULTURA, advirtiéndonos de que “se está matando la música”. Me temo que no amigos, no se está matando la música porque la música es una tradición 100% inmortal y 100% humana, que está por encima de todo vuestro negocio, un negocio que ha hecho que personas que no lo merecen, gocen de un estatus económico desmesurado, un negocio que  se ha encargado personalmente de reducir el nivel cultural medio del pueblo, un negocio que ahora se siente acorralado y amenazado porque ya no puede obtener unas ganancias de un N%.

Sinceramente, no me importa la industria musical, no me importa si se hunde. La música no les pertenece, no importa cuántas veces traten de enlatarla y traten de hacerla suya en las mil maneras posibles, no pueden domar a ese caballo, se les escapa de las manos y parece que no lo quieren terminar de ver. Si hay algo que siempre perdurará es la tradición, el folklore, la auténtica cultura, por mucho que haya que luchar hoy en día por no convertirse en un idiota alienado por la odiosa aristocracia de la “industria cultural” (dos términos increíblemente incompatibles, a todo esto).

Adalides de la cultura graznando en pos de su humilde modus vivendi.

Es por ello que después de investigar en la labor de Lomax, después de aprender un poco más acerca de la historia de las músicas tradicionales de un pueblo, después de descubrir algo tan enorme…qué mierda pueden importar los derechos de autor, la industria musical, la SGAE, los productores, los promotores, la ministra de Cultura, Joaquín Sabina, Luis Cobos, Rosario, Miguel Bosé y lo que se les pase por la cabeza?…creo que la respuesta es tan, tan, tan evidente…

P.D.: soy músico, autor, vivo de algo relacionado con todo esto, y aún así, sigo y seguiré opinando lo mismo acerca de todo lo arriba escrito.

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7 respuestas a Derechos de autor, industria musical, dinero, dinero, dinero…y Alan Lomax.

  1. McNulty dijo:

    Mira Rosarillo como grita que quiere más dinero.

  2. Olga dijo:

    Pedazo de post. Me quito el sombrero. Aprendo cosas nuevas siempre que me paso por aquí.

  3. David dijo:

    Enhorabuena!! y Gracias por expresar y plasmar en escrito lo que muchisimos de nosotros, al igual que tu, pensamos.

  4. bocata dijo:

    Antonio Lomax

  5. helena dijo:

    Sencillamente genial el post!gracias!

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