Reivindicando “Rollerball” (1975), de Norman Jewison.

Por Marcos Muniz-López.

Tuvo la década de los 70 algo especialmente positivo para el cine, y concretamente para el cine norteamericano. Fue una época en la que aparecieron directores dotados de muchísimo talento e ideas frescas influídas por sus homónimos europeos, con las que iban a poner patas arriba un sector artístico que (casi) por primera vez en su historia, dejaba de mirarse un poco el ombligo y miraba en cierta manera hacia el viejo continente. Fue una época en la que artistas como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Woody Allen, John Boorman, Sam Peckinpah, William Friedkin, Milos Forman y así, un larguísimo etcétera (no se asuste nadie porque no nombre a Cassavettes, ya que pienso que iba absolutamente a su aire, al margen de cualquier corriente cinematográfica), aportaron un lenguaje al séptimo arte nuevo, dinámico, inédito hasta la fecha, rico en propuestas, abierto de mente y original, aunque eso si, también decir que era una época en la que las majors apostaban por propuestas arriesgadas, a veces demasiado, como el batacazo que supuso ese viaje de ácido que filmó (como pudo) Dennis Hopper titulado “The Last Movie”, una época en la que la sociedad era bien distinta a la actual, en la que curiosamente, parece que haya habido un retroceso brutal en cuanto a conservadurismo y puritanismo así en general, una época en la que no existía esa ESTUPIDEZ de lo “políticamente correcto”, una época en la que no había que andarse con medias tintas no-se-te-vaya-a-ofender-el-colectivo-de-turno (alguien imagina que se estrenase una película como “Belle de Jour” hoy en día sin que se liase la de dios es cristo?), una época en la que a lo mejor éramos un poco más ingenuos, pero desde luego mucho más idealistas, inquietos e inconformistas que hoy en día, eso sin duda.

Pues bien, de entre toda la maravillosa maraña de cineastas y films que surgieron en esa formidable década, quiero hablar concretamente de “Rollerball”, producción norteamericana del año 1975 y dirigida por el a veces infravalorado Norman Jewison, director de las brillantísimas “In the heat of the night” y “…and Justice for all”, entre otras, y que sin duda alguna, me parece una gran película a reivindicar y recomendar más de lo habitual, aunque por supuesto, NADA tiene que ver con esa bosta de remake dirigida por John McTiernan en el año 2002.

Mr. Jewison dirigiendo al grandioso James Caan.

“Rollerball” nos sitúa en un mundo futuro distópico en el que han desaparecido las naciones y los gobiernos, un mundo dominado por una serie de corporaciones que se han hecho con el poder y acabado con las guerras, el hambre y la miseria. La gente parece feliz, todo el mundo goza de cierto confort y de “x” caprichos, no existe la delincuencia ni el crimen, y todo el mundo consume de manera habitual una misteriosa droga que te lleva a la placidez y la felicidad (hello Mr. Huxley!). La gente concentra su agresividad contemplando los partidos de su deporte favorito llamado Rollerball en Multivisión, un sencillo pero brutal juego que consiste en dos equipos sobre patines que tratan de colar una bola de acero en un agujero, un deporte ultraviolento en el que a veces no hay reglas, es decir, vale todo, incluso quitarle la vida al contrincante. De entre todos los jugadores de Rollerball, destaca Jonathan E., magistralmente interpretado por el gran gran gran James Caan. Jonathan E. es admirado por todo el mundo y temido por sus contrincantes, e incluso como confiesa uno de los peces gordos de la Corporación de la Energía (a la que pertenece el equipo de Jonathan), sus ejecutivos sueñan con “jugar al Rollerball, ser fuertes y tener músculos como tú, Jonathan”, pero llega un momento en el que dicho pez gordo, exige a Jonathan que debe retirarse “por su propio bien”, y aquí empieza todo.

No voy a desvelar más detalles importantes de la trama, pero la razón por la que le exigen abandonar, es que Jonathan E. ha destacado demasiado dentro de un juego en el que toda persona es reemplazable, un juego que quiere inculcarle a la gente la idea de que el individuo no puede valerse por si mismo, la idea de que morirá si no sigue la corriente sin preguntar, si no come y calla, esa idea de “la unidad hace la fuerza” tan presente en toda ideología fascistoide que se precie, digamos que se ha convertido en un símbolo por encima de uno de los métodos que utilizan las corporaciones para tener a la gente alienada, distraída, controlada y contenta, y por supuesto, eso es peligroso.

Jonathan E. vs. las grandes corporaciones.

Existen varios elementos que resultan francamente pesadillescos dentro de la visión de futuro de Jewison en “Rollerball”, pero me quiero centrar en dos de ellos. Hay una secuencia en la que varios miembros de la alta sociedad durante una fiesta, salen a jugar con una pistola que detona cargas explosivas, y se dedican a disparar contra unos árboles, destruyéndolos completamente hasta las cenizas mientras ríen sin parar. Llama la atención como ese grupo de gente actúa con absoluta crueldad e indiferencia, no juegan como jugarían unos niños que no son conscientes de la responsabilidad y consecuencias de sus actos, es mucho peor, mucho más carente de cualquier serie de valores, mucho más terrorífico, ya que te puedes imaginar cómo harían lo mismo con cualquier otra cosa que se les pusiese por delante y que no consideran importante o valiosa.

En una imagen de mis sueños, esto sería James Caan ajustándole las cuentas a John McTiernan por su remake.

El siguiente elemento pesadillesco es la búsqueda inútil de Jonathan E. de respuestas en los libros. Los libros ya no existen, se han archivado, clasificado y resumido (?) mediante una computadora central cuya base está en Suiza, y que por culpa de un pequeño accidente, destruyó TODA la información histórica relativa al siglo XIII de un plumazo, aunque como dice uno de los trabajadores de dicha “biblioteca”, “qué más da? en el siglo XIII sólo existieron Dante y algunos Papas corruptos”…da una idea del poco aprecio por la Cultura y la Historia en general dentro de ese mundo, verdad?.

“Rollerball” ofrece una visión bastante aterradora del futuro, un futuro en el que la gente ha renunciado a la auténtica libertad a cambio de un poco de confort, un mundo en el que sentimientos humanos como el amor o la pasión han sido estratégica y quirúrgicamente extirpados, un mundo en el que TODO está controlado por las grandes Corporaciones, un mundo en el que se usan drogas de forma habitual para sentir algo de manera mesurada y efímera, y un mundo en el que lo único que le importa a la gente es un estúpido deporte que sirve para alienar al pueblo a modo de “panem et circenses”…y yo me pregunto, en qué año situaría Jewison la acción de “Rollerball”?…es que acaso todo esto no os es inquietantemente familiar?, a mi si, me sabe mal decirlo pero a mi si.

P.D.: muchas gracias a John Zorn, George Lewis, Bill Frisell y su “News for Lulu” por su aportación musical durante la redacción de este post.

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